Allí estaba mi proxima victima, sentado, viendo como la luna lo observaba, sintiendo la fría noche pasar por sus mejillas, que aunque el lo negara estaban húmedas por las lagrimas. Podía ver sus venas palpitar en su cuello, y se me hacía agua a la boca. Pero primero me gustaba divertirme un poco con mis presas, hacerlos sentir bien, para después arrevatarles todo, ademas la carne de alguien feliz sabe mucho mejor.
—Cualquier cosa que alla pasado tiene solución— dije con voz queda asercandome cada vez más a la vanquita iluminada por el poste de luz.
—Lo mío no— declaró el chico con voz apagada, sin mirarme.
—Contar las cosas a veces es mejor que callarlas y guardarlas para uno mismo.
—No se quien eres— repuso con la mirada clavada en el suelo.
—Ahora soy la persona con la que puedes contar— incité
—Como se que no me entregarás a la policia?
—Tan malo es lo que haz hecho?— fingí una voz de preocupación.
—No, lo malo es en lo que me convertiré— y esta vez me vió a los ojos. Lo tenía.
Lo envolví en una mirada acojedora, como hacía con los otros. Sus ojos se perdieron en los mios y se fue acercando cada vez mas a mi. Esta era la parte más dura, tener tan cerca a un humano, su sangre, su carne y tragarme las ganas de mutilarlo.
—Dime— susuré en su oído, casi lo podía saborear.
—Conté… conté su secreto y ahora sufriré una maldición.
Me quedé helada. Y recordé aquella noche…
Nicole, Jaz, Clau y yo nos habíamos reunido en mi casa. Una chica había entrado este año a la escuela y para aumentar su popularidad había hecho una fiesta de Halloween. Pero el evento tendría lugar a las 12 de la noche, así que como todas unas señoritas de bachillerato tuvimos una sesión de maquillaje.
— Así que… Carlos y tu ya…
— Callate Luna— gritó Jazz en respuesta a mi pregunta.
— Vamos— animó Clau— somos amigas ¿no?
— Si, pero aún me da pena decirlo— rió Jaz y se sonrojó
— Tengo una idea, ya que es noche de brujas, podemos hacer un “hechizo”— Nicole dibujó unas comillas en el aire mientras lo decía— a quien diga algo de lo que confesemos…
— Le caerá una maldición— completé emocionada.
— Bien— hicimos un circulo— tomémonos de las manos— incitó Jazz.
— Por el poder que me confiero yo misma—dijo Clau con voz solemne—Declaro que cualquier persona que deje salir un secreto de este cuarto será desgraciada para toda su vida.
Nunca pensamos lo que nos esperaba más tarde. Empezamos a contar cosas que ni en un millon de años diriamos en cualquier otra noche, al parecer, esta era una especial.
A las once y media nos subimos a nuestro lujoso Chevi despintado y partimos a la fiesta. Era en la colonia de a lado. Nos identificamos en la caseta de vigilancia con el guardia vestido de una mala imitación de vampiro. Realmente nunca habíamos cruzado muchas palabras con la chica de la fiesta, es más ¿como se llamaba? Lexy, Alexia… Algo así.
Parecía que toda la colonia estaba de fiesta, todo mundo andaba por las calles vestidos de Frankistein o Drácula, algunos eran bastante convincentes. Pero no nos dio tiempo de asustarnos pues el olor a noche, pino y lluvia (que llegaba desde el bosque colindante vordeado pot una gran pared) era alucinante.
La entrada de casa de la anfitriona estaba decorada con monstruos de plastico que gruñían cada ves que pasabas junto a ellos. Nos recibió con un gran abrazo, como si nos conocieramos de toda la vida; sus ojos rojos de vampiro eran intimidantes, aunque eran falsos parecían naturales. Nos hizo pasar. En lo que parecía que en un día cualquiera era un comedor, ahora estaba una bola de disco, y al fondo, junto a las escaleras que daban al segundo piso estaba el DJ. Rápidamente nos encontramos con amigos de la escuela e hicimos un circulo. Después de un rato nos fuimos con nuestros respectivos novios. Yo llevaba con Lucas 5 meses y era muy feliz, pero últimamente se estaba juntando mucho con el novio de Jazz y de Nicole. Memo y Raúl eran buenos chicos, pero tenían una banda y se metían en problemas muchas veces.
—Estás hermosa hoy, Luna, mi querida inmortal— susurró Lucas a mi oído.
—Gracias mi querido Lobo— le devolví el susurro.
—Podría comerte a besos.
Sonreímos
—Se que eres más que eso.
—Si, pero… tus amigas ya han… perdido la virginidad ¿no es cierto? No tienes miedo de quedarte atrás?
—No todas, sólo Jazz, y por que ella lo halla hecho con Memo no la voy a imitar.
—Como quieras.
—No eches a perder la noche, amor— dije a regañadientes.
—Hey, que tal si salimos un rato con tus amigas—invitó.
—Salieron?— pregunté sorprendida, no me había dado cuenta.
—Si, al parecer Jazz y Nicole tomaron mucho… ponche.
Me tomó de la mano y salimos al patio tracero, donde había una fogata. El ambiente estaba un poco apagado, solo eran parejitas besándose. De pronto tambaleandose se paró Nicole y dijo:
—Vamos chicos, esto está muy aburrido!! Quiero ver acción.
—Uuuuuu!— la coreó Jazz con voz viciada por el alcohol.
—Chicas, chicas, vamos, silencio— trató de calmarlas Clau.
—No Clau, diviertete como nosotras— dijo Nicole y se sentó en las piernas de Raúl.
Jazz hizo lo mismo con Memo y se besaron.
—Niñas— les dije— estan haciendo un super oso, mejor vamos a otro lugar.
—Oh Luna ¿Qué? ¿tienes miedo de llegar tan lejos con Lucas?—Retó Jazz
—No es eso…
—Niñas, es en serio. Nicole, Jazz, vámonos.
En ese momento Raúl y Memo se pararon y las empezaron a jalar a dentro de la casa, pero ellas los abrazaron.
— Raúl, amor, deberías de ser más hombre— gritó Nicole—aprende a Memo, ya se echó a Jazz.
Nos vimos envueltas en un silencio sepulcral, la luz se había ido. Clau y yo nos miramos con el terror escrito en nuestros rostros. Ese era un secreto, pero al parecer a ellas no les importaba.
—La fiesta no ha terminado— gritó Jazz. La luz, y con ella la música, volvieron.
Junto de nosotros, como de la nada, apareció una viejecita.
—Cuidado, mis niñas, ya viene. Está mas cerca de lo que parece, esta entre ustedes…
—Entre nosotros?—pregunté asustada.
—Si, mi niña, ella encontrará a la culpable, y cambiarán los papeles, eso es lo que ella quiere.
—Vamos niñas, es solo una viejecita, seguro que es parte de la fiesta…
Dijo Lucas, pero nosotras ya no lo escuchabamos. Nos tomamos de las manos y salimos a la calle, como hacía frío nos metimos en el carro. Clau comenzó a hablar.
—Seguro que es una trampa, una broma de la anfitriona, porque, vamos, solo nosotras sabemos lo que hicimos en mi recamara, y ni siquiera era un verdadero hechizo.
—Pero y si es cierto?— preguntó Nicole.
—Bueno, hay que ser optimistas!— levanté mi tono de voz
—Esto ya es vastante estresante—gritó Jazz con voz pastosa— como para que tu lo empeores con tus gritos.
—Al menos yo no soy la que me pongo ebria para llamar la atención— me defendí.
—Ah perdonanos por no ser tan perfectas como tú, Luna!— la atajó Nicole.
—Vasta!— intervino Clau.
—Claro, ponte de su lado, pensé que éramos amigas— escandalizó Jazz— aparte era mi secreto, y si a mi no me importa, a ustedes menos.
—Pero y el hechizo?— pregunté.
—Eres tan ilusa, Luna.
—Lárguense de mi auto—ordené y señalé hacia fuera.
Se bajaron del carro y Clau y yo nos quedamos calladas, mirando como se alejaban. ¿A dónde pretendían ir? El sonido de nuestros celulares nos despertó de nuestras cavilaciones.
“Vamos en busca de aventuras”
Clau y yo nos miramos. No era pocible que fueran a hacer semejante estupidez. Corrimos hacia la barda que delimitaba el bosque, gracias al alcohol aún no podían saltar la pared.
—No sean ridiculas— dijo Clau.
—Sólo vamos por un poco de sexo— dijo entre risistas Nicole.
—Si, somos chicas malas, y ellos nos estan llamando.
—De que hablan? Allá no hay nadie, por lo menos nadie que las quiera para sexo, sinó para comida— dije con la voz más calmada que pude.
—Hay Luna, Luna, tu siempre tan tonta. Por eso Lucas ya no te quiere. También está de ese lado. Quizá quieras ir con él por esta vez y no dejar que se te valla.
Lograron trepar la barda.
—Deja que se larguen—dijo Clau— ellas lo quisieron así.
—Pero…— miré la barda y comencé a subir.
—Estas loca— gritó Clau.
—No voy por Lucas, voy por ellas, van a morir allí adentro, ademas quien sabe que tipo de maldición hechaste.
—Ahora yo soy la única culpable ¿no?— dijo pero empezó a trepar.
Apenas caímos del otro lado se olleron los gritos de mi amigas.
—Y que caso tiene que vallamos por ellas? Todas saldremos muertas de allí.
Pero yo ya estaba corriendo en dirección de donde provenían los gritos.
Despues de un rato las encontramos abiertas, sin ningún organo ni carne, solo la piel y la cabeza, como si las hubieran pelado para comerlas. Como la piel muerta que muda la serpiente.
—Así que esa era la maldición?—preguntó Clau con ojos llorosos.
—Si supongo.
—No—dijo una voz dulce detrás de nosotras— ellas no contaron ningún secreto.
Nos volvimos. Era Lexi, Alexia, o como se llamara. Pero con ojos rojos, ropa razgada y con sangre, mirada perdida, sin esencia. Y con unas garras que podrían atravesar cualquier metal con un solo razguño.
—Que?—preguntó Clau
—Fuiste tú, mi querida Luna— me arrinconó contra el árbol y de un golpe mandó lejos a Clau.
—Yo… yo…
—No lloriqués, sabes muy bien que tu fuiste la que le dijiste a tu noviesito que Jazz ya no era virgen. Y gracias a ti… yo puedo ser… libre.
Y dicho eso, me encajó hasta lo más profundo sus garras. Yo caí al piso.
—Tranquila, un 31 de Octubre, podrás hacer lo mismo, podrás derramar un poco de tu sangre en el corazón de la victima que escojas y librarte de tu maldición.
Así que no era por el maldito hechizo, solo nos había escuchado y le gusté como presa…
—Se lo que estás pensando, claro que fue por el hechizo, tontuela. Solo podrás convertir a alguien que alla hecho el mismo hechizo… y para que eso pase, me temo que tendrás que esperar algunos años… Yo por ejemplo, tengo… 240. Pero hoy, cuando aparezca el sol, podré descansar en paz y tú tendrás que sobrevivir con carne humana.
Volvió a clavar sus garras en mi corazón, pero sabía que por más que doliera, no moriría, esta era mi maldición ahora.
—Hoy es el día, hoy es 31— dije en el hombro de aquel chico tonto.
—Si, y no se que me espera.
—Esto es lo que te espera:—
Torné mis ojos rojos, saqué mis afiladas garras y abrí paso a mis colmillos.
Su expreción era la que yo esperaba, Igual que la mía esa noche. Lo cargué en mis hombros, la noche ahogaba sus gritos, nadie lo escucharía. Y yo sería libre. Lo asoté en el piso frío.
—Seré como tú?— lloriqueó.
—Si. ¿Cuál era tu secreto?
—Ella me amaba.
Lo abrí y ví su corazó palpitante. Sus gritos hacían ese momento cada vez más exquisito, Su sangre más que a sangre oía a libertad. Sabía bien lo que tenía que hacer, solo una gota de mi sangre bastaría. Pero entonces pensé: Cuánto hubiera dado por que no derramaran en mi hace 10 años esa gota de sangre…
Vi su mirada… ya no podría salvarlo, ya lo había habierto, además tenia hambre. Comí cada parte de su carne, hasta dejarlo vacío. Y cuando terminé vi mi oportunidad de ser libre muerta. Estaba enojada con migo misma y con él. Razque la fina capa de piel con mis garras. Deformé su rostro con razguños y sorbí la sangre que escurría de él. Ni siquera sabía su nombre, ni historia, y si era drogadicto? O un violador? Quizá merecía ser lo que yo era… No sabía nada de él… solo su secreto. Rasgué el pizo de nuevo, con más ira que antes. Encontré un relicario, tenia su foto y la de una chica. Me la colgué en el cuello.
—Tu secreto está a salvo— susurré en su oído desfigurado.
Corrí por más presas y juré que cada 31 de Octubre, comería hasta saciarme, comería como nunca, a cada persona que se me cruzara en mi camino. Si no dejaría de ser como
soy entonces me divertiría de lo lindo.